Proceso creativo en la obra de Edgar Zúñiga Jiménez

Proceso creativo en la obra de Edgar Zúñiga Jiménez

El artículo se inserta en el contexto del Proyecto de Investigación: “La disciplina del dibujo como herramienta cognitiva para el desarrollo y la visualización de ideas en el diseño gráfico dentro del contexto de la Sede Interuniversitaria de Alajuela”, que desarrolla la autora en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica.

Toda persona es potencialmente creativa por definición, es decir, que la creatividad es parte de la propia naturaleza del ser humano (Herrán, 2012; Esquivias, 2004 y Galvis, 2007). Desde un punto de vista general, el concepto de creatividad se relaciona con las diferentes capacidades que tiene una persona para enfrentarse a situaciones tanto cotidianas como complejas. Entre ellas se pueden mencionar: fluidez, flexibilidad, originalidad, habilidad para proponer soluciones de problemas, pensamiento divergente, apertura, espontaneidad, libertad, motivación intrínseca, tolerancia a la ambigüedad y a la frustración (Fuentes y Tejeda, 2013; Galvis, 2007 y González, Tejeda, Martínez y Pérez, 2007), entre miles de posibilidades más.

El concepto de creatividad se ha transformado en las últimas décadas, por lo que Esquivias (2004) realizó un compendio de distintas posturas de diversos autores, las cuales, aunque difieren en algunos aspectos, la gran mayoría hace referencia a que la creatividad se relaciona con la formulación de algo nuevo, de reestructurar un paradigma existente, de proponer nuevos esquemas o nuevas soluciones.

Para Esquivias “La creatividad es un proceso mental complejo, el cual supone: actitudes, experiencias, combinatoria, originalidad y juego, para lograr una producción o aportación diferente a lo que ya existía” (2004: 6). Así mismo, De Bono sugiere que la creatividad se asocia “al uso de herramientas del pensamiento que permiten sacar al individuo de los extremos polarizados para explorar nuevos caminos, utilizar la información de otra manera y reestructurar sus patrones de pensamiento (Citado por Galvis, 2007: 85).

De acuerdo con la postura de la autora de este artículo, la creatividad va mas allá de producir “algo nuevo”; de hecho, el producto no es lo más importante, sino el proceso de descubrimiento al que se auto somete el individuo. Es la capacidad de auto cuestionarse, de replantearse y de explorar nuevos rumbos por medio del pensamiento divergente y generar, por lo tanto, cambio y transformación; donde la mente procesa y sintetiza información y la utiliza en pro de una reestructuración. La creatividad es más un proceso que un producto; es fijarse en el recorrido y no tanto en la línea de llegada.

Si bien, la creatividad es un proceso inherente a cualquier ser humano, los estudios realizados en este campo apuntan a que existen características que distinguen a una persona de nivel creativo cotidiano de una persona sobresalientemente creativa. Al respecto, Herrán hace un estudio exhaustivo de diversos teóricos que abordan los rasgos fundamentales de los sujetos más creativos y plantea un sistema de caracterización de personas muy creativas, aplicables tanto en los campos personales como en los profesionales.

La lista está constituida por treinta y cuatro características, entre las cuales se pueden mencionar: curiosidad, independencia, gusto por el trabajo, intensidad y estabilidad emocional, dedicación, organización, mayor apertura, auto exigencia, productividad, tolerancia a la frustración, autoconfianza, entrega, capacidad de observación, liderazgo, entre otros (Herrán, 2013).

Para comprender por qué el escultor Edgar Zúñiga se ubica dentro de esta categoría de personas sobresalientemente creativas, no es necesario ahondar en el hecho de que su profesión lleva implícita la creatividad; pues, en efecto, para De Bono (1998), el arte y la creatividad no son sinónimos, ni todos los artistas merecen el calificativo de “creativos”; el nivel de creatividad presente en Zúñiga se debe entender más como un proceso y no solo como un grupo de características o productos. Durante su proceso creativo, el artista no solo deja claro que posee la mayoría de las características citadas por Herrán sobre una persona altamente creativa, sino que también tiene la capacidad de encontrar relaciones entre ideas, de observar su entorno y generar alternativas ante la información dada y de formular soluciones a problemas mediante una combinación de ideas o de campos muy diferentes a sus conocimientos previos.

En definitiva, un proceso creativo es una de las potencialidades más elevadas y complejas de los seres humanos, y el de Edgar Zúñiga demuestra habilidades del pensamiento que le permiten integrar los procesos cognitivos complejos, dinámicos y flexibles. De hecho, para Herrán (2012) un proceso creativo nunca será un camino rectilíneo, uniforme y vectorial, sino un proceso de diferentes etapas o fases que no necesariamente llegan a culminarse de forma exitosa, pues pueden ser procesos muy largos o muy desordenados. Según este autor, el proceso creativo no necesariamente constituye un proceso lógico, coherente u ordenado.

En el caso de Edgar Zúñiga, sus características metódicas, ordenadas y lógicas podrían discrepar con Herrán, pero sí coinciden en que su proceso no necesariamente es rectilíneo ni uniforme, pues el proceso creativo del artista se desplaza entre una gran diversidad de expresiones artísticas, figurativas y abstractas, entre diferentes temáticas y gran variedad de técnicas y materiales; para Zúñiga no hay límites, él es libre en su exploración, pero sólido en su conceptualización.

En el trabajo del artista se evidencia que la persona creativa se vale de metáforas de lo nuevo y lo antiguo, de lo conocido y lo desconocido, y de lo familiar y lo extraño. Así, su proceso creativo busca dentro de referencias históricas, se cuestiona la básica construcción de la identidad del ser humano y lo conjuga con temáticas actuales, tanto profundas como cotidianas. En este caso, las dimensiones del proceso creativo de Zúñiga se caracterizan por su flexibilidad, pues le permiten explorar en el dibujo, la pintura, la escultura, la cerámica y la monumentalidad, e incluso la joyería.

Su proceso creativo es intenso, apasionado, dedicado, luchador e increíblemente incansable, basta con verle el sudor correr por la frente al modelar alguna pieza en arcilla o su alta productividad de los últimos años; pero, al mismo tiempo, es analítico y autoreflexivo, lo cual se evidencia en los cientos de dibujos que posee desde el inicio de su carrera y que defienden su obra como peones de batalla.

El artista es un autodidacta nato y eso hace que su proceso creativo sea más apasionado y entregado que el de cualquier proceso académico formal, en especial porque su sed es insaciable y su deseo de aprender, de crecer, de permearse de influencias, de renovarse y de replantearse hace que la elaboración de sus obras se dé a partir de procesos serios, formales y constantes. En otras palabras, sus creaciones nacen de procesos interactivos, abiertos y constructivos que denotan su gran capacidad de autodescubrirse en nuevos caminos, y transformarse y reestructurarse constantemente.

La elaboración de su obra artística abarca pequeños pasos y pequeños triunfos, que, unidos por su motivación intrínseca, son capaces de liderar y producir monumentales proyectos, los cuales pasaron por las diferentes etapas tradicionalmente conocidas de los procesos creativos como lo son preparación, planificación, reflexión, inspiración, síntesis, consumación, evaluación, entre otras (Herrán, 2012).

Su proceso creativo llena su taller de dibujos, maquetas, bocetos, pinturas, conversaciones, reflexiones, documentación fotográfica, cuestionamientos y autocríticas. En ese espacio no hay un camino marcado, pero sí existe un orden metódico al que se apega; no hay un norte definido, pero sí un montón de sueños que lo guían; no hay un referente específico, pero sí lo acompaña su padre, su madre, su historia de vida y montones de artistas que lo han inspirado.

En definitiva, Zúñiga es en esencia un creador, pero entendiéndose esto no cómo un acto específico que genera un producto concreto en un momento determinado, sino como un constante y dinámico “ser creador” de su propia existencia; es su capacidad de autogestión, de autoexigencia lo que le permite proponer diferentes soluciones a los problemas, reestructurar su camino y utilizar los estímulos recibidos con una visión divergente. Zúñiga personaliza en sí lo planteado por Fuentes y Tejeda (2003), al afirmar que la creatividad es una consecuencia de un proceso de auto aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Tatiana Zúñiga Salas
Master Académica en Artes con énfasis en Artes Visuales, Universidad de Costa Rica
Profesora de la Cátedra de Dibujo y de la Carrera de Diseño de Modas en la Universidad Véritas.